Las sopas mallorquinas son uno de los grandes platos de la cuina d’aprofitament — la cocina de aprovechar lo que hay. El nombre confunde porque no son una sopa líquida: son el pan. Pan moreno seco, cortado fino, puesto en el fondo de la cazuela, y la verdura de la temporada con su caldo, que el pan absorbe hasta convertirse en el plato.
Es plato de invierno por origen — col, acelgas, espinacas, habas, coliflor, alcachofas, lo que dé la huerta entre noviembre y marzo. Pero como toda buena receta de aprovechamiento, se adapta: en primavera entran guisantes y habas tiernas, en verano se hace más ligero, en otoño aparecen las setas.
Vegetal por origen y por necesidad. Lo que da el sabor es el caldo, el aceite crudo del final y la calidad del pan moreno. Sin pan seco, no son sopas. Con pan blanco fresco, tampoco.